«Seis meses justos han pasado desde que escribimos, a propuesta de varios medios, un artículo de opinión sobre el conflicto, problema o ‘follón de abrigo’ generado en torno al soterramiento o no del vial de Jove, recogiendo el sentir de la mayoría de los transportistas de Asetra. Profesionales que sufren también a diario las condiciones actuales de la vía y también de aquellos que sin hacerlo aciertan a valorar la importancia de su desarrollo como vía de expansión y acceso al Puerto de Gijón y a la Zona de Actividades Logísticas; infraestructuras ambas, ya no fundamentales, sino básicas, para la continuidad de la industria asturiana.
Seis meses han pasado para no llegar a nada. Tres meses más pasarán hasta llegar a fin de año, y entonces la montaña, como decía la vieja fábula de Esopo, volverá a parir un ratón, de esos que tan acostumbrados estamos a alimentar por años y años en el Principado.
Releyendo nuestro planteamiento de entonces, recuerdo aludir a la necesidad de consenso, actitud que no ha prendido en absoluto en ninguna de las partes implicadas, aportar hasta probables soluciones en torno al área de Aboño, siempre y cuando el túnel se terminara y demandar, ante todo, respeto para nuestra actividad diaria. Seis meses después, como digo, podríamos repetir las mismas consideraciones, que continuamos considerando idóneas, pero con el agravante de que el tiempo pasa, las posturas se enconan y a base de repartir responsabilidades a diestro y siniestro, parecen nuevamente el transporte y los hombres y mujeres que lo desarrollan los culpables de todo.
Además de enfrentarse entre ellos, en vez de unir fuerzas, tanto los grupos municipales entre sí y con el Gobierno regional para demandar ante el Ministerio de forma clara y contundente una solución definitiva, segura y urgente, parece más fácil poner en marcha el ventilador y buscar culpables, azuzando incluso a los vecinos y hasta a los ayuntamientos, como nos transmiten nuestros asociados. Ellos son los que sienten cada día crecer el descontento y hasta cierta hostilidad por parte de ciudadanos y administraciones, como si la contaminación histórica de este área territorial fuera solo culpa del tráfico de camiones. Sin comerlo ni beberlo, ni haber sido llamados a aportar su opinión en ni uno solo de los foros de debate y comisiones de trabajo abiertas en tantos frentes. Seamos serios. Toda actividad industrial y de servicios tiene impacto, por supuesto. La mayoría de las empresas hacen todo lo posible por cumplir la ley y hasta más allá de la misma para que el efecto medioambiental y social sea el menor posible, pero lo que no pueden es dejar de hacer su tarea. Todos queremos llegar al supermercado y que haya alimentos y productos de consumo diario. Hacer una obra y que haya cemento. Comprar un coche y no esperar un año por los componentes. Y para todo ello se necesita el transporte, y que alguien eche gasolina y ponga sus manos al volante y cruce las carreteras.
Además, Asturias necesita mantener su industria en unos niveles aceptables de actividad si quiere sobrevivir en el ya de por sí, difícil entorno europeo (veáse el reciente informe Draghi, que no puede venirnos más al pelo). Asturias necesita empresas de transporte, logística y servicios que lleven sus producciones fuera y traigan los productos necesarias para consumo o transformación y el Puerto de Gijón es el destino mayoritariamente elegido, para hacerlo de la manera más eficiente. Luego, el asunto va más allá del conflicto local y toda Asturias necesita encontrar una solución a esto. Máxime en momentos que los que lejos de mejorar empeoran las expectativas de las pymes y las ratios de demanda y consumo interno.
La situación política en la que nos encontramos a nivel nacional tampoco ayuda en este intento. Asturias ha estado, está y va camino de estar aún más, discriminada en el balance nacional. Existe una situación de desequilibrio territorial claro, como reconocía el propio ministro Puente, y, los pactos políticos que sustentan al Gobierno de la nación no ayudan a superarla.
Otras comunidades reciben, claramente, más financiación y apoyo. Cuentan con mayor peso político y ello se traduce en ventajas económicas claras, fiscales y de avance industrial y social por supuesto. Basta echar un vistazo a comunidades cercanas como el País Vasco de innegable avance en segmentos tan importantes para nosotros como puedan ser el acero o el sector ferroviario.
Mientras Asturias sigue discutiendo si son galgos o podencos, los demás avanzan y lo hacen en sectores que tradicionalmente el Principado tenia y tiene por claves y en los que nos jugamos ganarlo o perderlo todo.
Por poner tan solo un ejemplo, rebajar seis euros solo para vehículos ligeros, por cierto, un peaje que no tenía ni que haber existido, en clara discriminación con el resto de las comunidades de nuestro entorno, no es más que otra serpiente de verano, de otoño y del invierno que llega. Al lado de todo el resto, una anécdota, pero que revela con claridad lo poco que pintamos y cómo sí nos afecta el reparto en los presupuestos, cuando además nos prometieron el 60% a principios de año.
Dejémonos de monsergas y pongámonos todos por fin de acuerdo. Pongamos el sentido del consenso del que se nos llena la boca al hablar, al servicio de la práctica y demandemos juntos soluciones serias. Lo que pasaría, como mínimo, por la eliminación definitiva del peaje del Huerta, como ya nos hemos cansado de reivindicar año tras año y demos una solución equilibrada, justa y moderna a los accesos al Puerto de Gijón, y a las infraestructuras que lo rodean, esenciales, ya no tanto en el dudoso desarrollo futuro, como en la supervivencia de la industria que nos queda.»







