
Pedro J. Corteguera, “un empresario de este siglo”, que se incorpora a la gestión de Transportes Ana, reafirmando los valores de la compañía y la apuesta por la mejora continua.
Pedro Jesús Corteguera Pérez, nacido en Ribadesella, el 9 del 9 de 1999, acaba de volver a su villa natal para incorporarse a la empresa de transportes que fundara su abuelo y que casi 60 años después dirige y gestiona su padre, Pedro Corteguera.
Hace tan solo tres años, recién terminada su carrera de Administración de Empresas en inglés, ya tenía un trabajo asegurado, de prestigio y bien remunerado en la conocida multinacional Ernst & Young, pero Madrid, no estaba hecha para él. Añoraba la naturaleza y soñaba con una vida más tranquila fuera del estrés y la altísima competitividad de algunas de las plantillas en la capital de España.
Buscando otra forma de vivir, más acorde con sus convicciones, Pedrín (como le conocen todos en Ribadesella) anunció a sus padres que se iba un año a Australia a descubrir mundo, prometiendo retornar después al Oriente asturiano.
-Estás a punto de cumplir 25 años, pero ya puedes contar unas cuantas experiencias vitales.
-Pues sí. Estudié en Ribadesella hasta los 13 años que pedí ir a hacer el Bachillerato en Oviedo, compaginándolo entonces con la práctica del fútbol. Después me fui a Madrid, a la Universidad Carlos III de Getafe a cursar Administración de Empresas en inglés y en octubre de 22 pasé un curso en Estados Unidos, en el Estado de Vermont, (cuyo nombre significa Montaña Verde) muy cerca de los grandes lagos y casi de Canadá. Fue una estupenda experiencia. A la vuelta, pasé un año en Ernest and Youn ya en Madrid, trabajando en el departamento de Compliance, llevando temas financieros, procedimientos. control de gastos, impuestos para otros clientes.

-Toda una meta profesional para un recién licenciado.
-Si, pero la vida en Madrid es complicada. Me gusta la naturaleza. Me gusta Asturias y su calidad de vida. No era muy partidario de entrar en eso que llaman “la carrera de la rata” (bromea). Pero antes de volver a casa, me empeñé en vivir una aventura y junto a un amigo nos fuimos a Australia. Pasé allí casi año y medio, trabajando, sobre todo en hostelería y recorriendo el continente y también Nueva Zelanda.
Es otro mundo. Llegamos antes de Navidad. Allí es verano pero necesitan gente y nos inventamos nuestro currículum de hostelería. Empecé como friegaplatos, luego de camarero y luego de jefe de equipo. También es cierto que existe otro concepto de flexibilidad laboral, pero, en general, era más feliz allí lavando platos que en Madrid de contable. No me veía haciendo un plan de vida en la capital.
-Y de Oceanía, de nuevo a casa, a la comarca del Sella. Las oficinas de Transportes Ana le esperaban. ¡Vaya Cambio!
-Me he incorporado hace algo más de mes y medio, pero nada me es extraño. Comencé a venir de pequeño y ya desde los 14 años alguna rueda limpié. Empecé realmente desde la base y coincidiendo con el Covid y comencé a echar una mano sobre todo en la gestión de tráficos.

-Una de las mayores preocupaciones actuales de los empresarios del sector es conseguir que los más jóvenes se incorporen a la profesión. Retener el talento, que se dice ahora. ¿Crees querealmente el transporte tiene futuro?
-Claro que tiene futuro. Donde hay una necesidad, va a haber alguien que tenga que cubrirla. Por mucho que se demonice al sector. La flexibilidad y eficacia del camión no la da el ferrocarril. Pero al igual que otros sectores, el trasporte necesita facilidades para salir adelante. Facilidades que no necesariamente ayudas, pero si eliminación de trabas y burocracia.
Aunque seamos jóvenes, tenemos suficiente capacidad para afrontar los retos que ello supone, no tenemos miedo a los riesgos, pero hay demasiadas trabas al emprendimiento. No pides que te den, sino de que no te molesten.
-Incorporarse a una firma como Transportes Ana, con el peso tan importante que tiene en el segmento de transporte por carretera en Asturias, con el objetivo de acabar asumiendo su gestión en el futuro, no deja de ser una gran responsabilidad.
-Por supuesto. No deja de ser un gran responsabilidad. Pero tengo a mi padre, que sigue en la brecha y está muy abierto a innovar y a nuevos objetivos. Tengo su ejemplo, el de mi abuelo y también el de mis abuelos maternos. Me gusta mucho recordar, en concreto, a mi abuela Alicia Sánchez que pasó de la furgoneta DKW al transporte de viajeros en autobuses locales, algo nada visto entonces. Una mujer referente y sobre todo, una muy buena persona.
Soy consciente de lo que tuvieron que luchar y pelear parar sacar adelante el negocio; del trabajo que todos ellos hicieron y cómo tiene que ser mi responsabilidad al respecto. Lo pasaron mucho peor que yo y soy un afortunado. Y así lo asumo. Doy gracias por ello y no me siento solo. Me siento respaldado por mi padre y por un equipo que conozco desde los tres años. Confío mucho en todos ellos. Aparte de ganas, creo que tenemos la formación necesaria y el empuje para seguir apostando por el futuro de la empresa.

-Pero alguna idea o planteamiento nuevo, imaginamos, se habrá ya hecho. ¿Qué puede aportar de diferente?
-Supongo que una visión más flexible. Más estratégica. Apostando aún más por los mercados internacionales, por ejemplo. Quiero ser un empresario de este siglo, pero miro mucho lo que se hizo hasta ahora. Más que dar una vuelta a la casa debemos seguir apostando por sus valores, calidad y servicio al cliente. Tenemos una flota totalmente renovada, con todos los 28 camiones propios más los autónomos geolocalizados las 24 horas, plenamente comprometidos con la eficiencia y altamente especializados en transporte basculante.
Quizás toque pensar más en qué servicios podemos aportar al cliente, avanzar en digitalización, marketing, automatización de procesos, análisis de tendencias… Mi padre al hacerse cargo de la empresa supo reinventarse y me gustaría seguir esa filosofía y sus valores, avanzando hacia las tendencias futuras.
Noticia publicada en el último numero de nuestra revista.





